La relación de las empresas con sus empleados es una fuente de riesgos cada vez más relevante. El número de demandas de trabajadores alegando un posible trato injusto o discriminatorio no deja de aumentar, los mecanismos de reclamación son cada vez más sencillos, los agentes sociales están cada vez más sensibilizados y la discriminación y el acoso o mobbing pueden producirse en todos los niveles de una organización.
Movimientos sociales como MeToo han tenido y tienen una influencia importante, pero las fuentes de posibles riesgos en la relación empresa-empleado va mucho más allá. El auge del teletrabajo, las nuevas leyes para regular los intereses de distintos colectivos sociales, las redes sociales como herramienta de denuncia, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en el entorno laboral, las normativas de protección de datos o las cuestiones de sostenibilidad ambiental, social y de buen gobierno (ESG, por sus siglas en inglés) representan también desafíos crecientes.
¿Qué son las prácticas de empleo indebidas?
Las prácticas de empleo indebidas son acciones de obra o palabra que se producen en el entorno laboral y que van en contra de la ley y las regulaciones laborales, así como de los principios éticos de la empresa. Estas prácticas pueden afectar negativamente al ambiente laboral, así como a la salud y el bienestar de los empleados. Bajo la etiqueta de prácticas de empleo indebidas, se agrupan:
- Discriminación por raza, nacionalidad, creencia o lugar de origen.
- Acoso sexual y otros tipo de acoso.
- Despido injusto y/o improcedente.
- Privación injusta de las posibilidades de promoción laboral.
- Castigo o evaluación injusta del empleado.
- Difamación e invasión de la intimidad.
- Contratación, capacitación o supervisión negligentes.
- Incumplimiento de políticas y procedimientos en el lugar de trabajo.
- Actos que tengan como consecuencia angustia emocional y otros problemas de salud mental.